miércoles, 26 de noviembre de 2008

DIRECCIÓN A KIVEDANT (RUMBO A CUALQUIER LUGAR)

Dónde está Kivedant
¿amor?,
en el estanque de tu
lagrimar lloroso,
en el camino que no
lleva a ningún lugar,
en la región inexpedita
de tus senos.

Y en tu silencio
¿amor?,
también lo pude hallar
en la linde inusitada
de tus celos,
en las cortinas de
verdades que tejimos,
y en los estantes pulcros
de la soverbia.

En la mañana
¿amor?,
en la mañana se encuentra
cuando te balanceas
sobre mi cuerpo y
me despiertas de
imprevisto.

En el instante
¿amor?,
en esa eternidad
que sólo el fotograma
de la memoria consigue
detener con tanto acierto
que siempre sorprende.

Y en mi pregunta
¿amor?,
en mi llamada a
gritos cuando no te veo,
en el segundo mismo en
el que pienso que
te vuelvo a ver...
...allí está Kivedant
¿amor?
¡allí está!.

Autor: Leonardo Ginés Caetano 

jueves, 13 de noviembre de 2008

FRASES DE AUTOR

"Que suerte tienen los que tienen suerte"
"Pienso; luego ya veremos lo que hago"
"Quien quiera saber ... que lo busque en google"
"Gracias, siempre a ti"
"Sólo sé que ahora estás leyendo"
"La felicidad es una actitud del ser; "soy feliz porque soy feliz" ;el problema es que algunas personas se pasan toda la vida intentando ser felices sin darse cuenta que lo son".
"El pasado y el futuro son inventos humanos que sólo sirven para "pre-ocuparnos".
Vivir es un verbo que sólo debería ser conjugado en presente de indicativo"
Incluyo esta frase que no es mía pero que me ha servido de inspiración en muchos momentos desde que la oí. Es una frase de Sor Ángela de la Cruz, la cual se la dijo a Victoria García, ésta a mí y yo a vosotros (pásala):
"No hay salvación sin cruz,
ni mérito sin paciencia,
victoria sin combatir,
ni virtud sin contradición"

A EVA

A la mujer que se fue,
a la que está por llegar,
la que nunca se marchó,
la de las tardes de café,
la que se oculta en un rincón.
A aquella que se enojó,
la de la eterna sonrisa,
la compañera de libros,
a la de mis buenas noches.
A la mujer que nació,
tras un duro caminar,
la que añoró la felicidad,
tan lejana como Kivedant,
A la diosa de oración,
a la reina de mi hogar,
a la sombra de mujer,
que no se brindó a saber
cuanto la pude yo amar.
A aquella que se embarcó
en el barco del amar,
a la que naufraga sola,
a la que interroga mi recuerdo,
a la que me enjuagó las manos
y me despertó de la infancia.
A la mujer que se escapa
como se diluye el tiempo,
a la mujer que se hizo mujer
en un nacimiento forzado.
A la mujer que se disfraza
de hombre para encumbrarse,
a la mujer que me escucha
a la mujer que me oye,
a la mujer que me inspira
este canto a la mujer.

Autor: Leonardo Ginés Caetano