viernes, 21 de marzo de 2014

A LA PRINCESA JACARANDA

Pintaba la Jacaranda
una delicada mañana
el horizonte de un azul apagado.
Se sabía bella y altiva.

Mutaba en tornasol caprichoso
ora rosa, ora violeta;
y el sol le pellizcaba
los tiernos brotes con delicadeza.
Se sabía majestuosa y bella.

Bailaba con el viento
una danza de amor invisible,
pero se resistía.
El rocío matinal la cortejaba,
mas su corazón era frío,
azul, como el vestido que
portaba cada primavera.
Se sabía bella y elegante.

Con ese don natural
que sólo está al alcance
de unas pocas criaturas.
Ahí sigue hierática,
solemne, a pesar de los años,
reclamando las miradas
como un inmenso luminoso
de ésos que anuncian cosas caras.

Acuarela de añil, esparcida,
óleo que seca al tempo
de una ciudad incesante.
Se sabía importante, se sabía eterna.


Autor: Leonardo Ginés Caetano

viernes, 7 de marzo de 2014

REJLANDER


Ya no te acordabas de Rejlander,
tanto como yo lo hacía,
y por eso, hoy sé que no fue para ti
la misma experiencia que yo tuve.

A mi me persigue aún la sombra
de Hjelmslev, lo azuloso de la palabra
plateresca, y a ti sólo te preocupa
a veces, no perder el eje de simetría.

Yo aún recuerdo el patio privado de Gonzalo,
 y el estarcido del albero en las mañanas lluviosas,
algunas tardes esa tierra, aún se siente pan de oro envejecido,
tapiz de pisadas preocupadas por su futuro.

La ley de la pregnancia, me impide ver
con claridad tu verdadera silueta,
cuanta enantiodromía esconden los besos
que se subastaron las noches de batalla.

La LOU, que se convirtió en el centro de todo,
ya nadie la recuerda, ni la vocifera por las calles,
los pasos perdidos entre clase y clase,
entre calada y calada, ya no retumban por tus pasillos.

Ves como para ti no fue lo mismo aquellos años,
yo aún recuerdo tu lúgubre perfume de olvido,
el sonido de la cremallera de las rebeldes mochilas
tatuadas por la firma de incipientes universitarios.

Hoy quisiera profundizar en la semiótica de tu mirada,
y no encuentro el candor del que Medel hablaba,
el eterno retorno de cada septiembre, la aguja hipodérmica
infectada de ansias de graduarnos en la vida.

Ya ves que para ti Rejlander no significó lo mismo,
ni Man Ray, ni Klimt, ni la Brandenburger Tor,
ni siquiera recuerdas el miedo que nos inspiraba Stalin,
cuando nos retaba a usar la Via Digital.

Ya veo que a ti Rejlander no te dice nada...

Autor: Leonardo Ginés

miércoles, 5 de marzo de 2014

LA CUARESMA PIDE LA VENIA...



Desde hace unos días ya se percibe en el aire de esta, nuestra ciudad, ese  aroma inconfundible que tiene la proximidad de la joven primavera, esa pátina de luces que se empieza a extender por las calles, plazas y parques, y que nos dejan en la tarde el regusto dulce y adormecido del azahar y el incienso reposando en el fondo del paladar.



En pocos días parece que el invierno haya sucumbido a la fiebre desbordada de la joven rebelde, que viene apabullante, echando a la escarcha más allá de nuestras murallas, sacando el frío de los muros humedecidos y calentándolos con el plateado sol que se refleja sobre las aguas del viejo río.



Ahora nos toca a nosotros aprovechar ese marco privilegiado, y realzar aun más la excelente estampa que Sevilla nos brinda, que le está gritando al mundo que está en fiesta, en su mayor protestación de fe, en su mayor arrebato; el resto del año aguarda agazapada, a que el calor la devore y a que el invierno se marche, y tan pronto éste se ha descuidado, nosotros hemos empezado a desempolvar los trajes, los mantos, los antifaces, el ropón del pertiguero, el costal y la faja. 

¡Qué poco cuesta prepararse y cuanto se llora la despedida!; pero ahora no toca hablar de despedidas, nosotros no queremos llorar, ahora toca el momento de hacer sonar las cornetas, templar las gargantas para que las saetas borden las tardes de la próxima Semana Santa, los pasos de los costaleros retumben en las callejas, y el tintineo de los parlemos de los diputados ordenen los cortejos y mantengan la mirada puesta siempre en volver, porque la fiesta de que les hablo, no es más que volver a volver, no es más que repetir los mismos itinerarios, las mismas estampas, los mismos aromas, los mismos sonidos, el mismo escalofrío recorriendo la espalda, o si no ¿por qué nos vamos a  San Andrés a esperar la entrada de su hermandad?¿por qué nos quedamos en la calle alcaicería extasiados ante el severo paso del cristo de Burgos? ¿por qué disfrutamos y lloramos ante las chicotás del Soberano Poder ante el desprecio de Caifás? dime ¿por qué el Refugio de María es buscado cada año, por los ojos de los viejos vecinos cuando ésta se asoma a la calle Gallinato? 

Yo sé que cada año quiero sentir lo mismo que sentía y por eso intento ver a todas las hermandades que me conozco sobradamente, pero al igual que el amor, siempre salimos predispuestos y sabiendo con certeza de que una vez más volverá a sorprendernos y aún por mucho que sepamos que La Buena Muerte siempre está muriendo, también sabemos que vive en nosotros, y que cada año más que un tránsito a la nueva vida se pasa ante mis ojos en un dulce sueño, el sueño de cada primavera, mi sueño,  su sueño, nuestro sueño.

Feliz Cuaresma. 

Autor: Leonardo Ginés