viernes, 21 de marzo de 2014

A LA PRINCESA JACARANDA

Pintaba la Jacaranda
una delicada mañana
el horizonte de un azul apagado.
Se sabía bella y altiva.

Mutaba en tornasol caprichoso
ora rosa, ora violeta;
y el sol le pellizcaba
los tiernos brotes con delicadeza.
Se sabía majestuosa y bella.

Bailaba con el viento
una danza de amor invisible,
pero se resistía.
El rocío matinal la cortejaba,
mas su corazón era frío,
azul, como el vestido que
portaba cada primavera.
Se sabía bella y elegante.

Con ese don natural
que sólo está al alcance
de unas pocas criaturas.
Ahí sigue hierática,
solemne, a pesar de los años,
reclamando las miradas
como un inmenso luminoso
de ésos que anuncian cosas caras.

Acuarela de añil, esparcida,
óleo que seca al tempo
de una ciudad incesante.
Se sabía importante, se sabía eterna.


Autor: Leonardo Ginés Caetano

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