viernes, 7 de marzo de 2014

REJLANDER


Ya no te acordabas de Rejlander,
tanto como yo lo hacía,
y por eso, hoy sé que no fue para ti
la misma experiencia que yo tuve.

A mi me persigue aún la sombra
de Hjelmslev, lo azuloso de la palabra
plateresca, y a ti sólo te preocupa
a veces, no perder el eje de simetría.

Yo aún recuerdo el patio privado de Gonzalo,
 y el estarcido del albero en las mañanas lluviosas,
algunas tardes esa tierra, aún se siente pan de oro envejecido,
tapiz de pisadas preocupadas por su futuro.

La ley de la pregnancia, me impide ver
con claridad tu verdadera silueta,
cuanta enantiodromía esconden los besos
que se subastaron las noches de batalla.

La LOU, que se convirtió en el centro de todo,
ya nadie la recuerda, ni la vocifera por las calles,
los pasos perdidos entre clase y clase,
entre calada y calada, ya no retumban por tus pasillos.

Ves como para ti no fue lo mismo aquellos años,
yo aún recuerdo tu lúgubre perfume de olvido,
el sonido de la cremallera de las rebeldes mochilas
tatuadas por la firma de incipientes universitarios.

Hoy quisiera profundizar en la semiótica de tu mirada,
y no encuentro el candor del que Medel hablaba,
el eterno retorno de cada septiembre, la aguja hipodérmica
infectada de ansias de graduarnos en la vida.

Ya ves que para ti Rejlander no significó lo mismo,
ni Man Ray, ni Klimt, ni la Brandenburger Tor,
ni siquiera recuerdas el miedo que nos inspiraba Stalin,
cuando nos retaba a usar la Via Digital.

Ya veo que a ti Rejlander no te dice nada...

Autor: Leonardo Ginés

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